En una época de culto a la eficiencia valorada no por lo logrado, sino por el poco tiempo que te tomó hacerlo: Caminar lento es un acto de resistencia, medir las palabras y hablar pausado es un acto de resistencia, tomarse un café sin mirar el celular es un acto de resistencia. Aburrirse es un acto de resistencia.
En una época en
donde la inmediatez construye toda nuestra forma de vivir y nuestra identidad
como especie, tomarse un tiempo para mirar a la nada se configura en un poema
en sí mismo, en una plegaria al recuerdo de ser humano.
Usamos
herramientas cada vez mas ágiles con el pretexto de ahorrarnos tiempo…
¿ahorrarnos tiempo para qué? Si finalmente no lo usamos para ser mas humanos,
sino para seguir enfrascados en la búsqueda de dopamina inmediata que nos
proporcionan las redes sociales.
Yo quiero mas
tiempo para vivir, quiero usar las herramientas contemporáneas para poder
soltarlas rápidamente y caminar lento, tomarme un café sin prisa, hablar con
amigos sin la premura del porvenir.
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