Cada persona vive según sus creencias propias y acuerdos impuestos o autoimpuestos, así que las opiniones que cada uno emite se basan exclusivamente en su propia, única y particular forma de ver el mundo; en otras palabras, son opiniones de sí mismo, de su propio reflejo. Por eso dice Miguel Ruiz que no debemos tomarnos nada personalmente, ni lo bueno, ni lo malo.
Cada palabra,
cada acto, cada acción que una persona dice o hace, tiene que ver consigo misma,
con su propia visión del mundo, pues solo es posible hablar y actuar de lo que
se conoce o cree conocerse y de cómo lo percibo, según mis creencias y acuerdos.
En ese sentido, cada quién es responsable de sus propios actos y palabras.
Nunca podremos
estar seguros de si todas las personas vemos los colores de la misma forma.
No tomarse nada personal, entonces, es un acto
de respeto propio, es creer en sí mismo sin importar la validación de los
demás, confiar en nuestras capacidades y en nuestro valor por el simple hecho
de ser y existir.