El desorden es un grito al aire que tal vez nadie oiga, pero si tu alma se conecta con esta
idea de auto-libertad, la belleza que despierta el alejarse de las comparaciones
que te agobian, de las metas que nunca te han pertenecido y que parecieran que
es la finalidad de la vida, podrá despertar tu verdadero camino, aquel que de verdad te
pertenece.
El desorden del que hablo no es caos, por el contrario, tu mente se
encuentra alineada con tu alma y allí está el arte, la conexión natural, la
intuición que te permite dar cuenta que estás recorriendo el camino adecuado.
El desorden no es material, no es una agenda caótica, una vida hiper-ocupada, un
día en el que no tienes tiempo ni de limpiar tu hogar, porque paradójicamente
eso es lo que se espera de ti, un ser humano productivo.
El arte del desorden está encaminado a desordenar las construcciones sociales que te agobian, a
desordenar las creencias predispuestas que no sientes propias, a establecer tus
propias metas y estándares, a ser tu mismo.
El arte de desordenar el sistema, pero no con revoluciones externas que busquen destruir el sistema económico y
político mundial, la revolución es interna.
Desordena las construcciones que te destrozan desde la
infancia, desordena tus creencias impuestas, desordena los estándares que no te
pertenecen, desordena tu sistema para ordenar tu alma.
Larga vida al grunge.
