El pasado me obliga a decir verdades que ya no existen, pero las verdades del hoy las oculto para no herir mí rededor. La ciudad cada vez tiene más dolores por las ilusiones del futuro y todo el contorno parece no ser lo mismo.
La idea de un destino
que asegura un futuro ha sido el pretexto para muchas barbaries y el ego humano
siempre buscar ser el primero, el mejor, el único el descubridor, el dueño de
ese destino que no existe, con la excusa de buscar un mundo mejor.
Recuperar la esencia es
vital en estos tiempos de turbulencia; esa esencia perdida con tantos halagos o
desprecios. Es nuestro deber recuperarnos porque ya no podemos reconocernos.
Los lugares que habitamos terminan siéndonos ajenos y distantes.
Pero es más fácil esquivar las gotas que caen con la lluvia, que dejar de evolucionar. Para algunos seres puede ser más lento, más duro, más fácil o incluso irrelevante, pero siempre el río llega al mar.
Larga vida al Grunge.

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